Antonio Amar y Borbón

    Tolosa, en Guipúzcoa, 9 de agosto de 1794. Hace casi año y medio que España permanece en guerra contra Francia, la Francia de la Convención nacida de la Revolución de 1789. A lo largo de toda la frontera, las fuerzas españolas han ido avanzando con éxito por el territorio francés, especialmente desde Cataluña, ocupando el Rosellón y Languedoc. Pero desde comienzos de 1794, las tornas han cambiado, y ahora los españoles se baten a la defensiva, bajo fuerte presión del Ejército revolucionario francés.

    En el País Vasco y Navarra, el repliegue es continuo desde que a comienzos de agosto las defensas fortificadas de Irún han caído en manos de los franceses, y el movimiento de la División del Centro, que manda el Marqués de Castelar, converge sobre Tolosa, desde donde se prepara un nuevo movimiento defensivo hacia Pamplona.

Es necesario, para el éxito de esa marcha, contener a las vanguardias del Ejército francés, cuyas tropas ligeras han entrado ya en batalla con las unidades españolas en la misma localidad. En ese momento, el coronel del Regimiento  de Farnesio, 6º de Caballería, Antonio Amar y Borbón, recibe la orden de establecerse en extrema retaguardia de la columna española que ya se retira por el puente que, a la salida de Tolosa, lleva al camino de Pamplona.

Primer Escuadrón

Al frente de las cuatro compañías que forman el primer escuadrón del Regimiento, y viendo que las tropas francesas comienzan ya a inquietar a sus jinetes, Amar ordena cargar al escuadrón, que con presteza y denuedo cierra sobre la vanguardia francesa, a la que pone en fuga y acuchilla por las calles de la ciudad, hasta que un regimiento de húsares franceses acude en ayuda de la infantería ligera, aunque no entra en combate con el Regimiento de Farnesio.

Por esta acción, así lo recuerda el historial del Regimiento, “mereció Farnesio la estimación del Rey Carlos IV, que mandó dar las gracias a las compañías del primer escuadrón por su brillante comportamiento, previniéndose al Coronel de Real Orden que “a su tiempo experimentaría los efectos de la real benignidad por el señalado servicio que, a su ejemplo, hizo su Regimiento”.

Centrémonos, pues, en la figura de este ilustre Coronel de Farnesio, que tuvo además un hueco aún mayor en la Historia de España. Aragonés de origen, Antonio Amar y Borbón nace en Zaragoza en 1742, hijo de una ilustre dinastía de doctores: su padre fue médico del rey Fernando VI, y su abuelo, del Rey Carlos III. A los 20 años, en 1762, sienta plaza de cadete en el por entonces Regimiento Farnesio, 4º de Caballería, en el que prestará servicio de forma ininterrumpida durante más de 30 años, participando con su Unidad en el gran asedio de Gibraltar en 1782.

Caballero de la Orden de Santiago desde 1770, en 1802 se le nombra Teniente General de las Reales Ejércitos, y el 26 de julio de ese mismo, hace efecto la “real benignidad”, al ser designado Virrey, Gobernador y Capitán General de Nueva Granada, y presidente de la Real Audiencia de Santa Fe, en la actual Colombia.

…la estimación del Rey Carlos IV, que mandó dar las gracias a las compañías del primer escuadrón por su brillante comportamiento

 
Acompañado por su esposa, Francisca Villanova, el nuevo (y último) Virrey de Nueva Granada entraría en Santa Fe el 16 de septiembre de 1803, sucediéndose desde esa fecha hasta primeros de febrero de 1804 los festejos y las recepciones en honor de Amar. En el Virreinato de Nueva Granada, Antonio Amar se esfuerza por continuar con la política ilustrada iniciada por los Borbones en la segunda mitad del siglo XVIII, mas se encontrará con la progresiva oposición de la elite criolla en la que comienzan a calar las ideas de la Ilustración.

 

Entre 1803 y 1808, el gobierno del Virrey Amar se mantiene en la rutina del cargo, la administración colonial, si bien empieza a mostrar problemas de salud, especialmente una sordera progresiva.

El vacío de poder que afronta España a partir de 1808 tiene su reflejo también en el Virreinato de Nueva Granada, donde afloran con cada vez mayor fuerza las reticencias y susceptibilidades entre los criollos americanos y los españoles. En septiembre de 1809, Amar sortea con tacto una sublevación ocurrida en Quito, adonde envía una comisión de paz y fuerzas militares para el caso de que la comisión fracasara en su intento de resolver el levantamiento por medios pacíficos.

Esa postura poco agresiva es la garantía que le sirve a Amar para ser nombrado el 20 de julio de 1810 presidente de la Junta Suprema que se organiza en Santa Fe, si bien su suerte cambia tan sólo cinco días después, cuando se difunde el rumor de que el Virrey prepara una ataque contra la población americana, en la que ya ha prendido la llama de la sublevación independentista. Ese supuesto plan de ataque termina con Amar en prisión, de la que sale días después, tras llegar una comunicación de la Junta Suprema de Sevilla en la que se le conmina a entregar el cargo al nuevo virrey, Francisco Venegas.

De nuevo encarcelado

Pero la suerte continuaría siendo adversa para el antiguo Coronel de nuestro Regimiento Farnesio, pues el 13 de agosto es de nuevo encarcelado por presión popular, decidiendo la Junta de Santa Fe trasladar al reo a la prisión de La Popa, en Cartagena de Indias para garantizar su seguridad personal. Desde allí, embarcaría Antonio Amar para España el 12 de octubre de 1810.

A partir de esta fecha, poco se sabe de los últimos años de vida de aquel coronel de Farnesio que con bizarría  se batió con los franceses en el puente de Tolosa. Sí se sabe que, hasta al menos 1819, continúa reclamando ante la Corona la recuperación de su patrimonio económico, perdido tras su precipitada salida de Nueva Granada. Fallece en Zaragoza en 1826, desconociéndose la fecha exacta de la defunción.